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IDEAS
Miguel León-Portilla reflexiona sobre
las civilizaciones y las culturas antiguas
(fragmentos escogidos)
«Los investigadores de la historia universal se han ocupado, de tiempo atrás, de los que fueron, por vez primera, el paso a la alta cultura y la civilización en aquellos pocos ámbitos geográficos donde tal cosa sucedió de manera autónoma y en forma plena. Su atención se ha concentrado así en Egipto y Mesopotamia, en el valle del río Indo y en el del río Amarillo en China. En dichas regiones –con razón se nos dice– tuvieron lugar cambios radicales, aquello que hoy se conoce como “revolución urbana”, adoptando la terminología de Gordon Childe. De hecho, las transformaciones que fueron enraizándose en esos distintos ámbitos del Viejo Mundo implicaron la superación definitiva de los tiempos prehistóricos.»
«El viejo mito es la pintura de los empeños de un pueblo con conciencia de la historia. El saber calendárico, el contenido de los códices y el conjunto de las artes –meollo mismo de la alta cultura– eran el hachón que iluminaba la significación de las cosas y el transcurrir de los tiempos.»
«Lo que hoy conocemos de la civilización mesoamericana debe ser renovada invitación a penetrar en el sentido que dieron a su vida y pensamiento los pueblos prehispánicos. Como florecimiento con grandes limitaciones técnicas y trayectoria diferente, el México antiguo, no a pesar de esto sino precisamente por todo ello, se presenta como un capítulo antes olvidado en la historia universal. Su rostro distinto en rigor debe situarse al lado de aquellos que igualmente propiciaron el nacimiento de las otras civilizaciones clásicas. Cuanto ocurrió en Egipto y Mesopotamia, en los valles del Indo y del río Amarillo, en México y el Perú prehispánicos, es en verdad antecedente y herencia de la humanidad entera.»

«Ahora bien —y es aquí donde entra la cuestión que queremos plantearnos—, ¿cabe pensar que las transformaciones culturales alcanzadas en el México antiguo tienen a su vez un lugar y una significación específicas precisamente en términos de la misma historia universal? Obviamente la pregunta podría referirse no sólo al caso del México prehispánico, sino también al de las culturas indígenas del área andina en la América del Sur.»
«Por una parte están los abundantes vestigios materiales que continúan descubriendo los arqueólogos y, por la otra, el rico caudal de fuentes genuinamente históricas: las inscripciones, los códices pictográficos, los textos en lenguas indígenas, la recopilación de antiguas tradiciones e incluso las obras escritas por algunos conquistadores y por cronistas del siglo XVI.»

«Las investigaciones realizadas con adecuado método, desde hace ya varias décadas, han permitido establecer una secuencia que abarca varios milenios de cultura en Mesoamérica. Otro tanto puede decirse de los estudios que comienzan a revelar lo más sobresaliente del legado espiritual de estos pueblos, manifiesto en su arte, simbología, visión del mundo y literatura. Los conocimientos alcanzados han permitido a su vez descubrir nuevos problemas antes ni siquiera sospechados. De continuo se abren así otros caminos a la investigación, lo que implícitamente confirma la riqueza de sentidos inherentes a este ámbito donde de hecho llegó a florecer la alta cultura y la civilización.»

«Al plantearnos ahora el tema de la significación que cabe adjudicar al México antiguo en términos de la historia universal, reconocemos que, no obstante la abundancia de testimonios y fuentes, son muchos los peligros y obstáculos capaces de desviar nuestra búsqueda.Y no me refiero ya a las eventuales críticas de estudiosos para quienes las civilizaciones del Nuevo Mundo —la mesoamericana y la del área andina— sólo merecen, a la luz de la historia universal, fugaz consideración dentro de los capítulos dedicados a los viajes y descubrimientos de fines de siglo XV y principios del XVI. Semejante actitud, manifiestamente etnocéntrica, implica en realidad que la única posible significación del México y Perú prehispánicos debe derivarse del hecho de que los europeos los hayan descubierto y a continuación conquistado. Corolario de tal postura —hoy anacrónica— ha sido la idea de considerar a la totalidad del Nuevo Mundo como tierra virgen y escenario de pueblos primitivos, en que a la postre tuvo que implantarse la cultura a imagen y semejanza de lo que habían sido las respectivas potencias colonizadoras.»
Fuente: Rostro y corazón de Anáhuac, SEP, México, 2001.